Con sólo 27 años, Lieber ya se siente uno de los viejos en esto del flamenco. Su formación comenzó en un taller extraprogramático con Paula Jacob y a poco andar concluyó que eso era lo suyo. “Eran clases de baile regional y uno de mis primeros recuerdos es haber visto a Pedro Fernández… nunca había visto este tipo de danzas y me llamó mucho la atención. También recuerdo a Isaac de los Reyes bailando una soleá por bulería acompañado por un guitarrista y un cantaor, y eso me motivó a investigar”, recuerda Baltra, mientras lia un cigarro.
En su familia nadie sabía de flamenco, pero fue la mamá de Lieber quien lo ayudó a conseguir información y a comprar discos y videos. “Cuando estaba en el colegio y decía que me dedicaría a bailar, todos me respondían que como podía pensar eso. Nunca tuve el prejuicio de que por ser hombre no podía dedicarme a bailar, pero sí sufrí con las críticas y burlas de muchos. Cuando bailaba en el colegio, todos me gritaban ‘maricón’. La verdad es que lo pasé pésimo”.
Pero a pesar de la incomprensión de la mayoría, fue la porfía el principal agente motivador de Lieber. Hasta los quince años estudió con Paula Jacob y mientras participaba en numerosos festivales, estudió con Jeannine Albornoz y Francisco Delgado hasta el 2005, año en que recibió una pasantía para estudiar en España por tres meses.
¿Te consideras testarudo?
Sí, soy muy porfiado. Me gusta estar donde pocas personas están, ir contra la corriente. Me gusta tener la sensación de que estoy viviendo otra vida, una vida distinta a la del resto.
¿Dónde se advierte tu carácter perseverante?
En el baile y la guitarra. Cuando me propongo algo, lo tengo que lograr, independiente del tiempo que me demore, lo tengo que hacer igual. De hecho, los bailes que hago, hasta el día de hoy los repito en un mismo estilo, pero me baso en una estructura y los voy cambiando, la voy moviendo siempre.
¿Cómo has llevado tu proceso de aprendizaje del flamenco? ¿De dónde provienen los elementos que hoy conforman tu baile?
Mmm, ¡si lo digo te contaría todos mis secretos! (ríe) Bueno, antes no existía Internet y había poca información, por lo que yo copiaba videos. Por ejemplo, me conseguía cinco soleá y las analizaba, contaba cuántos remates habían, qué se hacía y lo que no, en qué momento el bailaor realizaba algo… Luego, escribía la letra y los acordes y veía el video una y otra vez hasta que lo lograba. En aquella época nadie me decía “haz esto o aquello”, todo lo sacaba de lo que investigaba.
Por aquel tiempo, veía a Farruquito y a su abuelo, Manolo Soler y Antonio Gades. Y aunque este último no está representado en mi baile, me atrajo la forma y la presencia que tenía sobre el escenario.
¿Hubo equivocaciones en ese proceso?
Sí, muchísimas y me di cuenta de ello cuando fui a España. Hay ciertas formas de hacer una letra de cante, y si no lo haces correctamente, la sobrepasas. Antes lo hice mucho, más bien siempre intenté sobrepasarla, pero en estos momentos estoy tratando de nivelarlo, de que se produzca la intención en general, en las tres cosas y no sólo en el baile.
¿Cambiaron tus referentes con tu viaje a España?
Yo estudié mucho el estilo de Farruquito, pero en España quise aprender el máximo posible. Allá tomé clases con Manuel Betanzos, que tiene un estilo más contemporáneo, para aprender otra forma de baile y tener esa experiencia, la cual me ayudó muchísimo.
Porfiado y obstinado
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| Fotografía: Marcos Oyarzún |
Lieber se autodenomina porfiado e inseguro, y eso explica los palos que le son más cómodos de bailar, con otros que prefiere no incluir en su repertorio. “Me siento mejor con la soleá porque con ella puedo expresar lo que no soy, la seguridad que no experimento bajo del escenario. También me encanta la alegría. Lo paso muy bien bailándola, igual que con la bulería”.
Como soy porfiado e inseguro, me cuesta manejar algunas cosas. Por ejemplo, muchas veces pienso que podría hacerlo mejor. La seguiriya es un estilo para mí demasiado complejo, aún no logro adaptarla a mi forma de bailar, no creo representarla bien y lo mismo me sucede con la farruca. En cambio la soleá me resulta natural.
Siento que tengo un estilo propio y que tengo que estudiarla un par de años por lo menos para bailar una farruca bien.
Soy un poco extremo en mis estilos y sí, me gustan los estilos más opuestos.
¿Tuviste en España alguna experiencia o sensación desmotivante respecto al flamenco?
No, para nada. Como te decía antes, soy muy obstinado, por lo que siempre me dije que lo tenía que hacer, y me lo repetía hasta el cansancio. Nunca me ha desmotivado el flamenco de calidad. Soy súper porfiado y lo hice gracias a eso. Incluso tomé clases con Farruquito y verlo fue impactante. Cuando enseñaba los pasos, yo sólo me decía que tenía que hacerlos sí o sí. Me dije que en los tres meses del viaje, no iba a perder ninguna oportunidad que se me presentara. No me permití desmotivarme.
Pero, ¿hay veces que te desmotivas?
Sí, pero no sé muy bien por qué. Hay períodos en los cuales bailo mucho y algunas veces, cuando estoy sobre el escenario, no siento aquel nerviosismo propio de las funciones. Por esa razón es que este año no me he presentado mucho. Llevo muchos años arriba de las tablas y siento que necesito estar un tiempo fuera de ellas.
Personalmente asumo que estoy haciendo flamenco en Chile, que estoy con personas que están aprendiendo de la misma forma que yo, pero también me gusta que al resto les pase algo con lo que están haciendo, que no sólo sea como un trabajo que hay que hacer, que siempre sea con una cierta intención y que al bajar del escenario uno diga “me gustó, lo pasé bien arriba”. Eso significa para mí respetar el arte que hacemos.
¿Tendrá que ver con que, una vez superada la técnica, lo que queda es lograr la conexión emocional al momento de bailar?
Claramente, esa es la evolución que tenemos que hacer. Hay momentos en que no “siento” mucho arriba del escenario. Por eso prefiero salirme y volver después con otra cosa que me guste.
¿Cómo te conectas emocionalmente con tu arte?
Me gusta compartir con la gente que está aprendiendo, preguntarles qué sienten, qué les pasa con el flamenco. Así me retroalimento con las sensaciones de ellos y las veo en mi trabajo.
Los ensayos yo los propongo como si estuviéramos en la función. Eso lo aprendí en España y lo encuentro súper importante, porque de esa manera respetas más al flamenco. Si te educas y logras manejar los códigos del flamenco para mostrar tus emociones, obtienes mayor seguridad y eso te ayuda cuando te equivocas. De eso se trata el flamenco, de representar emociones verdaderas.
Entre dos pasiones
Lieber siempre ha tenido dos pasiones en su vida: el flamenco y los animales. Y ahora, cuando ya finaliza sus estudios de técnico veterinario, se enfrenta a la necesidad de equilibrar su tiempo entre la pasión flamenca y su realización profesional.
“Siempre me han gustado los animales, pero no pude estudiar medicina. En España me di cuenta que existía la carrera de Técnico Veterinario y cuando regresé comencé a estudiarla. En estos momentos estoy haciendo la tesis y quisiera dedicarme a esto. Para mi, lo ideal sería trabajar hasta el seis en veterinaria y en la noche bailar”.
Volviendo a las “obsesiones”… ¿qué ocupa tu mente por estos días?
Me hacen pensar los palos que son exclusivamente de guitarra. No tengo aún el oído para identificarlos bien, por eso los estudio, como las rondeñas, malagueñas, granaínas o media granaínas. Todos ellos, son estilos que no escuchas siempre. Entonces, me junto con ciertas personas y escuchamos esos ritmos, les pido que me expliquen y, como toco guitarra, complemento las dos cosas.
Por otra parte, me gusta enseñar flamenco, por lo que ahora estoy muy metido en analizar las diferencias del baile del hombre y la mujer, ya que éstas tienen muchos más elementos o recursos. Además, la mayoría de mis alumnas son mujeres, por lo que se me hace necesario estudiarlo.
¿Te interesa también sumar los recursos del baile femenino u otros más contemporáneos?
Sí, pero me cuesta salirme de mi estilo. No es que no quiera, pero al parecer tengo el cuerpo tan acostumbrado que, si me pides bailar de otra forma, no me sale. Lo he hecho solo, con otras personas y no puedo. Incluso el mismo Manuel Betanzos me dijo que mi estilo es de mucha fuerza.
¿Cómo ves el desarrollo del flamenco en Chile, el paso paulatino de los tablaos a los montajes?
Lo encuentro genial. Si hablas con los bailaores de antes, todos son por instinto, de la misma forma en que me crié yo. Yo veía todo estudiado metódicamente, donde cada persona creaba su método de estudio. En ese sentido, el flamenco en 20 años evolucionó mucho y ahora estamos en una etapa nueva, donde la generación se apoya y educa para mejorar mucho más. Yo en ese sentido me siento responsable porque estoy cerrando la etapa antigua del baile flamenco, la etapa del cassette, del VHS, del sólo compás… Me siento totalmente parte de la vieja escuela, siendo curiosamente uno de los más chicos.
En lo que respecta a mi futuro, espero volver a España. También pienso en desarrollar mi propio montaje del cual ya tengo una idea, pero necesito un tiempo más para elaborarlo. Es muy grande para mí, por lo que lo concretaré dentro de un par de años.
Aprender nuevos palos, elaborar un gran montaje flamenco, iniciar una carrera profesional como técnico veterinario. Muchos desafíos se presentan en el futuro de Lieber Baltra, y es seguro de que todos aquellos que aborde en los próximos años, los enfrentará con la misma fuerza e intensidad con la que nos entrega su baile en el escenario.

